En un mundo perverso, lleno de maldad y vanidades, es posible todavía hacer actos desinteresados que sabes no serán recompensados, sospechando que te valdrán antes lo malo que lo bueno, la torpeza de lo humano que su reconocmiento, siempre en la duda de haberlo empezado.
Y, a veces, de repente, sin esperar nada de nadie y a cambio, recibes un mensaje de agradecimiento por la dedicación y el trabajo, de amor recompensado. En ese momento parece que el mundo se para, se detiene para concentrar poderoso sentimiento, y recibes tanta sorpresa y amor en partes iguales que provoca llores como un chiquillo puro y cristalino. Se trata de un sentimiento similar a cuando Don quijote hace por una vez justicia a través de la Mancha en sus hazañas más entrañables, casi rozando la gloria del caballero andante. Y este que escribe se siente caballero andante, que por una vez pudo ver la verdadera Justicia en los ojos de alguien.


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