Miren. Si algo he aprendido en la vida es una cosa. Solo conoces a las personas en las peores circunstancias. En las mejores, solo conoces una imagen.
Blog personal de Sergio Ayllón (sitio no seguro, pero con calidad)
Miren. Si algo he aprendido en la vida es una cosa. Solo conoces a las personas en las peores circunstancias. En las mejores, solo conoces una imagen.
Mikel Merino, jugador de la selección española de fútbol, ha redactado una carta contando parte de su vida en el deporte. Cuando el árbitro pitó el final de la copa del mundo dice "Y entonces me vino una imagen a la cabeza. Yo de pequeño, con un balón, sin texto, sin poesía, solo esa imagen. Veía a ese niño diciéndole a su madre que algún día ganaría el Mundial. Y ahora ese niño estaba corriendo por un campo de Nueva Jersey como campeón del mundo".
Cuántos niños sueñan ahora. Que pensamiento más alentador.
Hay veces que al recordar películas recuerdo las tardes de los día de una semana. Es como si mi mente hubiese relacionado determinadas tardes o noches de mi infancia con las escenas que ocurren de estas películas, en sus tardes o noches.
La tarde del viernes sería para la tarde noche en la que ocurren los acontecimientos de Poltergeist, justo cuando llega la tormenta. Es una noche cualquiera donde los cinco miembros de la peli se van a la cama.
La tarde del sábado sería para la tarde noche que llega ET en la película ET el Extraterrestre, cuando los niños lanzan dados jugando a juegos de mesa.
La tarde de domingo sería la tarde silenciosa y solitarias de la película La noche de Halloween, cuando Michael deambula por las esquinas acechando con el cuchillo y suena esa inolvidable música de John Carpenter. Es cierto que es día de escuela en la peli pero la soledad es propia de un día de domingo por la tarde.
La mierda que vemos por las calles no es solo caca de perro. Hay mierda que crece en las esquinas, cultivada por la mediocridad y estupidez de los políticos, esparcida por el viento de levante y financiada por nuestros impuestos en forma de tasa. Es mierda extendida por la ciudad que no aparece en las fotos de los periódicos de la Alcaldesa pero que se pega a la goma de los zapatos.
No era suficiente con sortearla entre socavones de las aceras, o comprobar cómo se acomula en los jardines públicos, ahora hay que financiarla con un impuesto tan indignante como ignorado por el impasible jerezano. Nos gusta pagar la mierda que pisamos, sin rechistar, obediente, aunque la cuantía sea desproporcionada.
Si es que tenemos lo que merecemos. Más mierda. No sólo la que tiñe nuestras calles sino la que tenemos que pagar como si de oro se tratara. Y de eso se trata. De una mierda que vale oro, en forma de tasa abusiva de la que nadie habla.
El cielo anuncia lluvia. Son de esas tardes de abril que se escurecen de repente y parece que todos sacan un paraguas que tenían guardado, menos tú. Los cristales de las casas parecen tintados del gris de los adoquines. Un ligero viento trae el recuerdo de la lluvia. No hace frío. La plaza de la Yerba parece envuelta en un aire nostálgico, triste, en blanco y negro.
Paseo rápido con la impresión que llego tarde a alguna cita que no tengo. Pero miro a mi derecha hacia un niño sonriendo. Cuando empieza a chispear sus padres se levantan de una mesa, olvidando su consumisión a medio terminar. No tiene más de cinco años, no habla, solo gira, sonriendo mientras persigue una servilleta de papél, balanceada por el viento.
El caprichoso destino la arrastra hasta mis pies. Me paro, la recogo, la aproximo al niño que viene corriendo. Sus padres lo llaman para que se refugie de la incesante lluvia. Sigue sonriendo, toma la servilleta y la vuelve a lanzar al viento húmedo que la hace volar otra vez. Bajo la lluvia y lo gritos de los padres, el niño vuelve a girar. Está empapado. Sigue sonriendo.
Y yo me pregunto si se ha hecho a día de hoy todas las infraestructuras necesarias para que todo el agua defecal tratada que baja por el Guadalete de Jerez, El Puerto, Arcos, etc... y que son arrojadas, frente a Valdelagrana, hacia una bahía cerrada como es la de Cádiz no tenga el riesgo para los bañistas que veo que pudiera tener. De hecho solo hay que mirar bien las fotos de satélite para darse cuenta de que existe riesgo no calculado por las autoridades que solo analizan el agua rutinariamente pero que no han resuelto el problema y no parecen querer afrontarlo. Y la ciudadanía solo dice que el agua de Valdelagrana es calentita.
Hoy en nuestra sociedad, en nuestras calles, en nuestras casas, estamos asistiendo a una batalla sin igual, invisible a los ojos de todos, que la humanidad nunca antes ha vivido. La batalla de dos contendientes poderosos, arraigados y difíciles de batir, que se tensionan, se influyen, que se golpean. El Estado contra la Familia.
El Estado, que fomenta el individualismo, trata de reducir con sus múltiples brazos la influencia y el arraigo de la Familia, mientras ésta, que fomenta la solidaridad, trata de capear los ataques con su mayor valor, la unión del grupo. No se dejen engañar, esta no es una guerra de igual a igual, es una batalla de un gigante contra una tradición ancestral, que deja el dolor y la tristeza en todos los hogares a los que destruye y un vacío silencioso en nuestras calles y domicilios.
No quiero agobiar con datos. Permítanme solo dos. En España, el 28% de todos los hogares están formados por una sola persona. Por su parte, en Jerez según INE, en la última década, los nacimientos representan aproximadamente tres cuartas partes de las muertes (-25%). Piensen un momento si conocen personas que viven solas, yo al menos tres cercanos. El Estado vence.
Si las ayudas son individuales al sujeto, no al grupo familiar, si se fomenta un estado de consumismo individual, buscando un individuo de vida solo y manipulable, si se fomentan la inmigración individual olvidando al grupo familiar autóctono etc... no esperen niños en los parques (natalidad), tampoco que los ancianos no sean abandonados en los hospitales (soledad) o que la sociedad no ignore los problemas comunes con el debilitamiento de lo público, sea sanitario u otro sector.
Recuerden una cosa. El Estado no es nuestro padre, aunque se camufle como ello. Ahora piensen en su madre, la que le dio la vida. Si piensan los intereses de uno y otro para con nosotros, entenderán que la familia debe prevalecer en esta batalla, cueste lo que cueste. Es la familia la que nos hace humanos, nos cuida y nos ama.