viernes, 4 de septiembre de 2026

Alguien sonrie en plaza de la Yerba

 


El cielo anuncia lluvia. Son de esas tardes de abril que se escurecen de repente y parece que todos sacan un paraguas que tenían guardado, menos tú. Los cristales de las casas parecen tintados del gris de los adoquines. Un ligero viento trae el recuerdo de la lluvia. No hace frío. La plaza de la Yerba parece envuelta en un aire nostálgico, triste, en blanco y negro.

Paseo rápido con la impresión que llego tarde a alguna cita que no tengo. Pero miro a mi derecha hacia un niño sonriendo. Cuando empieza a chispear sus padres se levantan de una mesa, olvidando su consumisión a medio terminar. No tiene más de cinco años, no habla, solo gira, sonriendo mientras persigue una servilleta de papél, balanceada por el viento. 

El caprichoso destino la arrastra hasta mis pies. Me paro, la recogo, la aproximo al niño que viene corriendo. Sus padres lo llaman para que se refugie de la incesante lluvia. Sigue sonriendo, toma la servilleta y la vuelve a lanzar al viento húmedo que la hace volar otra vez. Bajo la lluvia y lo gritos de los padres, el niño vuelve a girar. Está empapado. Sigue sonriendo.

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