viernes, 5 de junio de 2026

Conil

 



Conil me recuerda a Extremoduro, a un mar de tiendas de campaña en aquellos veranos, a las noches estrelladas y los caminos de tierra cerca de la playa. Me recuerda a los muros blancos de su pueblo nocturno, a los puestos de pulseras en una calle del centro, a una noche de barra de bar, de discotecas abiertas al cielo estrellado, al ruido de las olas rompiendo en su paseo marítimo.

Puesto a recordar, me recuerda al congrio, al ruso nudista que estuvo en Afganistán y conducía como un diablo, a la parada del autobús de san Fernando, a los salvajes acantilados, a la Fuente del gallo cuando canta, a los olores de los eucaliptos floridos, a carreteras con cementerios, a la dulce piel canela de las sevillanas, a una mala pelea con un whisky desconocido.

Recuerdo Conil en su mejor momento, cuando la juventud de un pueblo se mostraba salvaje y poderosa, cuando podías sentirte parte de su naturaleza y de todos los que la admiraban. Cuando el hombre todavía no la colonizaba sino que pasaba de largo, en sus veranos, en sus noches, sin necesidad de atenazarla. Amada Conil, hoy te recuerdo. Tanto, tanto, tanto.

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