El amigo no huye, no se esconde, no se excusa.
Abre los brazos, respeta los tiempos, escucha en silencio.
Son pocos, escasos, y los reconoces en tu peor momento.
Vives lejos, vives cerca, siempre lo encuentras.
Caballero sin espada, que no falla,
no lo esperas, siempre está
en el último escalón y también el primero.
No desfallece, te arrastra, fuerte como el acero.
En el daño, el dolor o el desmayo,
en la furiosa tormenta o el mayor de los desiertos,
estes ciego por el tiempo o dolido en el tormento,
te acompañará a las mismas puertas del infierno.

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