Yo te acuso. Te acuso de olvidar a tus hijos más generosos. Te acuso de callar tu historia por imágenes religiosas y figuras mediocres. Te acuso de tratar más y mejor al de ahora que al de antes. De dignificar al cacique por el valedor de tu causa, al mediocre por el insigne, al acomodado por tu adalid.
Yo te acuso de pervertir el gusto y la historia. De engendrar anomalías en tus calles, olvido de la historia, verguenza en la memoria. De hacer lo memorable, mediocre. La heroicidad, vulgaridad. La ejemplaridad, rechazo. No hay cosa peor que de lo que te acuso, denigrar el pasado, devaluar la estima, desmemoriar al ciudadano.
Yo te acuso por ignorancia, interés y descuido. Por violentar la imagen y la gloria, el valor y la memoria. Acuso al que camina sin reclamar por tus calles al pasar, al que ignora por mediocridad o al que lo hace por maldad. Acuso al bonachón que se deja manipular por desidia y al arrojado por interés aplacado.
Yo te acuso por tu pecado, más vil cuanto más ignorado. No esperes redención, el mal se extiende ya a otra generación. He ahí tu pecado, basta solo con mirar tu estado.

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